Luego de que los incendios arrasaran con barrios enteros del estado de Colorado, en el oeste de Estados Unidos, se fueron apagando en la noche del viernes al sábado con la caída de nevadas que extinguían los últimos rescoldos.
El gobernador Jared Polis, reportó que al menos 500 casas quedaron reducidas a humo y decenas de miles de personas tuvieron que huir, pero por el momento no se tiene constancia de muertes, lo que calificó como "un milagro".
Los destrozos son descomunales: en las imágenes aéreas se ven calles enteras reducidas a ceniza humeante. A diferencia de otros incendios, estos no se han limitado a las zonas rurales y han alcanzado los suburbios.
"Las familias tuvieron apenas unos minutos para meter todo lo que podían -los animales, sus hijos- en el coche y marcharse", dijo Polis en una rueda de prensa el viernes. Sucedió "en un abrir y cerrar de ojos".
Por la noche las llamas tiñeron de naranja el cielo, atizadas por ráfagas de viento de hasta 160 km/h. Al parecer el incendio fue causado por la caída de postes eléctricos sobre un suelo árido.
En una llamada al gobernador Polis, el presidente estadounidense Joe Biden prometió que "se hará todo lo posible para brindar ayuda inmediata a las personas y poblaciones afectadas", según la Casa Blanca. Biden declaró que una catástrofe mayor afecta a Colorado y ordenó el giro de ayuda federal al estado.