Si algo demuestran las encuestas serias, es que la realidad termina imponiéndose sobre las mentiras. Y la última medición de Demoscopia Digital de diciembre de 2025 lo confirma con claridad, aproximadamente el 60%, (es decir, para los que gustan de números exactos el 58.8%) de los veracruzanos aprueban el trabajo de la gobernadora Rocío Nahle, con muestras concisas y precisas.
¿Y qué significa ese número? Le explico.
Que 6 de cada 10 personas respaldan a su gobernadora, que más allá de campañas, bots o grillas, la gente reconoce trabajo cuando lo ve. Y que, a diferencia de la narrativa de desastre que se intentó instalar desde la “infodemia política” el año pasado, los veracruzanos están diciendo otra cosa con datos: hay aprobación, porque hay gestión.
En diciembre del año pasado lo advertimos desde esta columna, los números irían al alza, y que no sería un gobierno de inercias, que se iría quien no aguantara el ritmo, además de que las y los veracruzanos quieren resultados.
Y los resultados en las encuestas demuestran que la Gobernadora Nahle personalmente se metió a destrabar temas que más pide la ciudadanía como salud y obra pública.
Porque la gente no pedía diagnósticos, pedía medicinas y llegaron las camionetitas de la salud. No pedía anuncios, pedía carreteras transitables y la Gobernadora sigue de lleno en el tema carretero.
Nahle ha estado en territorio, empujando decisiones, apretando tuercas y acelerando procesos. Esa presencia física y política es la que hoy explica que sus números no sólo se sostengan, sino que sigan subiendo, como lo muestra esta encuesta.
Pero si la gobernadora avanza rápido, el gabinete tiene que correr más. Por eso el mensaje a los titulares de secretarías es inevitable, redoblar esfuerzos no es un eslogan, es una urgencia. Y ahora, alcanzar el ritmo de la gobernadora es el nuevo requerimiento.
Porque la aprobación no se cuida en medios, se gana en la calle.
Y los números en aumento no es un aplauso automático, son la señal de un estado que quería trabajo, exigía resultados y que hoy reconoce a quien se los está dando.
Pero también deberá de ser el recordatorio de que el ritmo no se puede aflojar.